Me tropecé contigo en Primavera
una noche de Abril, roja y calida.
Y por ti fue mi sangre, enredadera
bajo el negro farol de aquella esquina.
Tú me diste la blancura de tu seda
y yo ardiente te di la sal de mi salina
y fuimos los dos: un barco sin bandera
por el mar de la rosa y de la espina.
Y para las lenguas malas de las gentes
no importa. Pero ante Dios: dos lunas,
dos luceros, dos bocas enlazadas,
dos cinturas y para siempre,
dos arcos de amor del mismo puente.
Rafael de León

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